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En los últimos
años, la industria ha intentado proponer en muchas ocasiones
falsas soluciones al cambio climático generado por la quema
de combustibles fósiles.
Entre las
falsas soluciones destacan la energía nuclear (fusión y
fisión), la captura y secuestro de carbono (CCS) y los
sumideros de carbono.
Energía nuclear
No. Este es el
argumento que ante su fracaso económico, medioambiental y
social utiliza la industria nuclear que señala que el único
camino para disminuir las emisiones de CO2 es sustituir las
centrales térmicas por centrales nucleares, debido a que
estas no emiten CO2.
Esta
afirmación carece de toda lógica. En
La Cumbre Mundial sobre el
Clima, celebrada en Kioto en 1997,
la energía nuclear no fue
incluida entre las políticas y medidas propuestas para
combatir el cambio climático porque la expansión
masiva de centrales nucleares no conseguirá frenar el
cambio climático.
Está demostrado que las inversiones dirigidas a promover
la eficiencia energética son siete veces más efectivas que
las dirigidas a la energía nuclear a la hora de combatir
el efecto invernadero. Es decir,
cada euro, dólar,...
invertido en medidas de ahorro y eficiencia energética
logran reducir 7 veces más las emisiones de CO2 que ese
mismo dinero invertido en energía nuclear.
La única solución real en el campo energético al problema
del cambio climático es apostar por el ahorro y la
eficiencia energética y las energías renovables. Sólo
ellas, aplicadas en todos los ámbitos (generación de
electricidad, transporte...) pueden lograr reducir de
forma efectiva las emisiones de CO2.
Captura de CO2
Por parte de
algunos gobiernos e industrias se está discutiendo y
promoviendo de forma muy activa varias falsas soluciones
para mitigar el cambio climático como por ejemplo la
“captura y secuestro de carbono” (CCS en sus siglas
inglesas). Se trata de un sistema para atrapar el CO2
emitido en la quema de combustibles fósiles y “almacenarlo”
bajo el mar o bajo la superficie de la tierra.
A pesar de la
gran presión que se está ejerciendo por parte de todos los
países más contaminantes para el desarrollo de esta
tecnología, hay muchas reservas al respecto por parte de
diversos especialistas, incluyendo el PNUMA, quienes
cuestionan la cantidad real de CO2 que se podría almacenar
adoptando la captura y secuestro de CO2. Se demuestra que
las instalaciones que
utilizan la CCS necesitan una mayor cantidad de
combustibles fósiles para obtener la misma cantidad
de energía llevando a un gasto adicional de energía que
puede llegar hasta un 30% en el caso de una central
térmica.
La captura y secuestro de
carbono eleva además considerablemente el coste económico
y ambiental de la generación de energía ya que
supone un aumento del 40 al 80% de los gastos de
generación de energía respecto de los gastos de las
centrales eléctricas convencionales, reduce la eficiencia
de las centrales térmicas - se tiene que quemar hasta un
30% más de combustible para lograr la misma cantidad de
energía - y produce gastos adicionales a largo plazo,
debido a la necesidad de garantizar la supervisión y la
verificación durante cientos de años para vigilar que no
haya escapes del CO2 almacenado cuando el deposito es
sellado
Una de las técnicas más estudiadas de CCS es el
almacenamiento subterráneo en capas acuíferas salinas
profundas, en los yacimientos de petróleo y gas ya
agotados, en minas de carbón y en otras formaciones
geológicas.
Utilizar la CCS significa trasladar
a las futuras generaciones el problema de qué hacer con el
CO2 que hoy almacenaríamos en cuevas subterráneas.
Nunca se podrá eliminar la
posibilidad de escapes a la atmósfera tanto las
lentas filtraciones a largo plazo como escapes
catastróficos a corto plazo, que podrían poner en peligro
vidas humanas, contaminar depósitos de agua dulce,
restringir los usos agrícolas de los suelos, contaminar
las capas acuíferas y superficiales, además de actuar
sobre el clima.
Sin embargo, la industria y los gobiernos están
promoviendo esta tecnología como una solución al cambio
climático y parecen olvidar que la necesidad de actuar
sobre el cambio climático es inmediata y no se pueden
esperar otros 15 o 20 años mientras esta tecnología puede
que madure lo suficiente como para poder estar disponible.
Sumideros
Bajo los
términos del Protocolo de Kyoto ciertas clases de cambios de
uso de la tierra y de actividades de silvicultura, que
pueden secuestrar carbono, se pueden contabilizar para
reducciones de emisiones a los efectos del Protocolo.
La teoría es que si una tonelada de carbono es almacenada en
un árbol (lo que se llama sumidero de carbono) y por lo
tanto lo ha quitado de la atmósfera, entonces un país podría
agregar una tonelada de carbono a sus emisiones permitidas
de CO2 (debidas a la quema de cobustibles fósiles). Esta
teoría según la cual, creando "sumideros" en bosques,
plantas y los suelos, se saca el CO2 de la atmósfera para
compensar las emisiones más fuertes derivadas de la quema de
hidrocarburos es, según Greenpeace, bastante incorrecta.
Desgraciadamente, el carbono almacenado en árboles no es
secuestrado permanentemente de la atmósfera y hay una
probabilidad alta que la misma tonelada de carbono
contabilizada como almacenada en el árbol volverá a la
atmósfera, finalmente (se muere, lo talan, se quema...). El
resultado de esto es que la carga de reducir las emisiones
de CO2, simplemente, se traslada a las generaciones futuras.
La idea fundamental, sin embargo, es que el uso de sumideros
no debe desviar ningún recurso político y financiero del
objetivo primario: reducir las emisiones que resultan de la
quema de hidrocarburos. Si los países industrializados no
logran a corto plazo unas reducciones de emisiones
importantes, nosotros podemos perder la posibilidad de
evitar el cambio climático más peligroso. El objetivo del
Protocolo es reducir las emisiones de CO2, no crear
mecanismos para evitar las reducciones. |