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FRASES, REFRANES DIVIDIDOS
POR AUTORES |
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Aristóteles
Filósofo griego.
Bacon, Sir Francis
Filósofo y estadista británico.
Borges, Jorge Luis
Escritor argentino.
Carlyle, Thomas
Historiador, pensador y
ensayista inglés.
Cervantes Saavedra, Miguel de
Escritor español.
Chesterton, Gilbert Keith
Escritor británico.
Cicerón, Marco Tulio
Escritor, orador y político
romano.
Confucio
Filósofo chino.
Einstein, Albert
Científico alemán nacionalizado
estadounidense.
Emerson, Ralph Waldo
Poeta y pensador estadounidense.
Franklin, Benjamin
Estadista y científico
estadounidense.
Gandhi, Mahatma
Político y pensador indio.
Goethe, Johann Wolfgang
Poeta y dramaturgo alemán.
Gracián, Baltasar
Escritor español.
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Hugo, Victor
Novelista francés.
Montaigne, Michel Eyquem de
Escritor y filósofo francés.
Napoleón
Napoleón Bonaparte. Emperador
francés.
Nietzsche, Friedrich
Filosofo alemán.
Ortega y Gasset, José
Filósofo y ensayista español.
Pascal, Blaise
Científico, filósofo y escritor
francés.
Platón
Filósofo griego.
Quevedo, Francisco de
Escritor español.
Rochefoucauld, François de la
Escritor francés.
Rousseau, Jean Jacques
Filósofo francés.
San Agustín
Obispo y filósofo.
Séneca, Lucio Anneo
Filósofo latino.
Shakespeare, William
Escritor británico.
Shaw, George Bernard
Escritor irlandés.
Voltaire
Filósofo y escritor francés.
Wilde, Oscar
Dramaturgo y novelista irlandés. |
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Frases célebres
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Miguel de Cervantes Saavedra |
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Miguel de Cervantes Saavedra
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Encomiéndate a Dios de todo corazón,
que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo que
están más secas las esperanzas.
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¿Qué locura o qué desatino me lleva a
contar las ajenas faltas, teniendo tanto que decir de las mías?
Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se
desea, ni todo lo que se desea se ama.
La senda de la virtud es muy estrecha y el camino del vicio, ancho y
espacioso.
Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los
hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven
bestias. |
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Si los celos son señales de amor, es
como la calentura en el hombre enfermo, que el tenerla es señal de
tener vida, pero vida enferma y mal dispuesta.
El que no sabe gozar de la ventura cuando le viene, no debe quejarse
si se pasa.
La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los
hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros
que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la
honra, se puede y debe aventurar la vida.
La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira
como el aceite sobre el agua.
Puede haber amor sin celos, pero no sin temores.
Esta que llaman por ahí Fortuna es una mujer borracha y antojadiza,
y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace, ni sabe a quien
derriba.
El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.
Amistades que son ciertas nadie las puede turbar.
No andes, Sancho, desceñido y flojo, que el vestido descompuesto da
indicios de ánimo desmalazado.
Más vale la pena en el rostro que la mancha en el corazón.
La buena y verdadera amistad no debe ser sospechosa en nada.
En los principios amorosos los desengaños prestos suelen ser
remedios calificados.
Sé breve en tus razonamientos, que ninguno hay gustoso si es largo.
Dos linajes solos hay en el mundo, como decía una agüela mía, que
son el tener y el no tener.
Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas
dificultades.
Donde una puerta se cierra, otra se abre.
Alguno se estima atrevido, cuando con otros se compara. Algunos creo
que hubo tan discretos que no acertaron a compararse sino a sí
mismos.
La falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arrastrándose,
de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es
demasiado tarde.
La música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que
nacen del espíritu.
Las honestas palabras nos dan un claro indicio de la honestidad del
que las pronuncia o las escribe.
Pocas o ninguna vez se cumple con la ambición que no sea con daño de
tercero.
¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le
quede obligación de agradecérselo a otro que al mismo cielo!
Come poco y cena menos, que la salud de todo el cuerpo se fragua en
la oficina del estómago.
La abundancia de las cosas, aunque no sean buenas, hacen que no se
estimen, y la carestía, aun de las malas, se estima en algo.
El retirarse no es huir, ni el esperar es cordura cuando el peligro
sobrepuja a la esperanza.
El año que es abundante de poesía, suele serlo de hambre.
Como no estás experimentado en las cosas del mundo, todas las cosas
que tienen algo de dificultad te parecen imposibles.
La ingratitud es hija de la soberbia.
Al bien hacer jamás le falta premio.
Sea moderado tu sueño; que el que no madruga con el sol, no goza del
día.
El sueño es el alivio de las miserias para los que las sufren
despiertos.
Tanto más fatiga el bien deseado cuanto más cerca está la esperanza
de poseerlo.
Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque
todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las
ciencias todas.
Al poseedor de las riquezas no le hace dichoso el tenerlas, sino el
gastarlas, y no el gastarlas como quiera, sino el saberlas gastar.
La pluma es la lengua del alma.
Mientras se gana algo no se pierde nada.
Más vale el buen nombre que las muchas riquezas.
El hacer el padre por su hijo es hacer por sí mismo.
Andan el pesar y el placer tan apareados que es simple el triste que
se desespera y el alegre que se confía.
Más vale una palabra a tiempo que cien a destiempo.
Los delitos llevan a las espaldas el castigo.
¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes!.
Cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces.
No puede haber gracia donde no hay discreción.
El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres
discretos.
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