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Si quieres conocer a una persona, no le preguntes lo que piensa sino
lo que ama.
La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado
parece grande pero no está sano.
Quien no ha tenido tribulaciones que soportar, es que no ha
comenzado a ser cristiano de verdad.
Las lágrimas son la sangre del alma.
Aprueba a los buenos, tolera a los malos y ámalos a todos.
Los hombres están siempre dispuestos a curiosear y averiguar sobre
las vidas ajenas, pero les da pereza conocerse a sí mismos y
corregir su propia vida.
Es mejor cojear por el camino que avanzar a grandes pasos fuera de
él. Pues quien cojea en el camino, aunque avance poco, se acerca a
la meta, mientras que quien va fuera de él, cuanto más corre, más se
aleja.
Cuando rezamos hablamos con Dios, pero cuando leemos es Dios quien
habla con nosotros.
Una vez al año es lícito hacer locuras.
Conócete, acéptate, supérate.
Una virtud simulada es una impiedad duplicada: a la malicia une la
falsedad.
No se accede a la verdad sino a través del amor.
Dios lo que más odia después del pecado es la tristeza, porque nos
predispone al pecado.
La oración es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre.
Nadie niega a Dios, sino aquel a quien le conviene que Dios no
exista.
El hombre no reza para dar a Dios una orientación, sino para
orientarse debidamente a sí mismo.
Cuanto mejor es el bueno, tanto más molesto es para el malo.
El pasado ya no es y el futuro no es todavía.
Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti.
Creo para comprender, y comprendo para creer mejor.
No hay riqueza más peligrosa que una pobreza presuntuosa.
Obedeced más a los que enseñan que a los que mandan.
En las cosas necesarias, la unidad; en las dudosas, la libertad; y
en todas, la caridad.
La razón no se sometería nunca, si no se juzgase que hay ocasiones
en que debe someterse.
El alma desordenada lleva en su culpa la pena.
Si dudo, si me alucino, vivo. Si me engaño, existo. ¿Cómo engañarme
al afirmar que existo, si tengo que existir para engañarme?
Quien toma bienes de los pobres es un asesino de la caridad. Quien a
ellos ayuda, es un virtuoso de la justicia.
Buscad lo suficiente, buscad lo que basta. Y no queráis más. Lo que
pasa de ahí, es agobio, no alivio; apesadumbra en vez de levantar.
Cuando estés en Roma, compórtate como los romanos.
En el jardín de la Iglesia se cultivan: Las rosas de los mártires,
los lirios de las vírgenes, las yedras de los casados, las violetas
de las viudas.
En el Cielo dicen Aleluya, porque en la Tierra han dicho Amén.
No vayas fuera, vuelve a ti mismo. En el hombre interior habita la
verdad.
Así como toda carencia es desgracia, toda desgracia es carencia.
Si somos arrastrados a Cristo, creemos sin querer; se usa entonces
la violencia, no la libertad.
La ociosidad camina con lentitud, por eso todos los vicios la
alcanzan.
Conviene matar el error, pero salvar a los que van errados.
La sabiduría no es otra cosa que la medida del espíritu, es decir,
la que nivela al espíritu para que no se extralimite ni se estreche.
¿Qué es, pues el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; si quiero
explicarlo a quien me lo pide, no lo sé.
Nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos lo sean.
Existirá la verdad aunque el mundo perezca.
Los que no quieren ser vencidos por la verdad, son vencidos por el
error.
Donde no hay caridad no puede haber justicia.
En donde no hay caridad no puede haber justicia. |